Entre balaceras, robos, cobro de piso, ejecuciones y enfrentamientos entre comerciantes y autoridades, estos son algunos de los acontecimientos más violentos que han dejado huella en este mercado.

Ubicado al norte de la ciudad de Puebla, el Mercado Hidalgo es uno de los centros de comercio más grandes. Sin embargo, no resalta por la calidad de los productos que ahí se comercializan, sino por los hechos delictivos que en sus instalaciones han ocurrido.
Para comenzar, el Mercado Hidalgo se construyó durante un conflicto entre el Gobierno de Puebla y comerciantes. El gobierno buscaba reubicar a todos los vendedores que se encontraban en el Centro Histórico para que se construyeran hoteles y restaurantes, con la finalidad de darle una vista diferente.
Los vendedores se oponían a que los retiraran de la zona, por lo que se revelaron contra las autoridades. El 28 de octubre de 1973 se desencadenó un fuerte conflicto que dio origen a la organización Unión Popular de Vendedores Ambulantes (UPVA) 28 de octubre, haciendo referencia a esa fecha.
Con el paso de los años, en este centro de abasto comenzaron a ocurrir diversos hechos delictivos, que rápidamente ubicaron al mercado en el mapa de la delincuencia.
El Mercado Hidalgo de Puebla está ubicado frente a La Cuchilla y junto al Mercado Unión. Siendo el primero uno de los mercados más grandes de México en donde se comercializa piratería. Incluso, en 2007 llegaron a nombrarlo el Tepito poblano.
De hecho, en un informe emitido por Estados Unidos en 2023, se señaló a La Cuchilla como el mercado de mayor piratería en el sur de México y como uno de los lugares más peligrosos.
Locatarios denuncian cobro de piso
Algunos locatarios del Mercado Hidalgo, que radican en municipios de la zona metropolitana, han vendido sus locales o los pusieron en renta, ante el temor de que llegan hombres con armas largas a amenazarlos para cobrar piso.
Los montos que les imponen son distintos, pues les cobran de acuerdo al tamaño de su local, a lo que venden y al número de empleados.
Puestos que fueron producto del patrimonio familiar y han pasado en manos de las últimas tres generaciones (abuelo, padre y nieto), han sido rematados y con ese recurso, sus dueños han puesto otros negocios en sus municipios de origen.
